Un mar de dudas, eso era mi vida en ese momento. Lo único que me decía a mi misma era: Regina debes ser fuerte, Regina debes superarlo, Regina debes ver más opciones. Fermin no era el único hombre en el planeta, yo tenía la certeza de que había alguien esperando por mí en ese momento, alguien que me haría feliz, que me sería fiel y que envejecería conmigo para siempre, eso era lo que quería, y pues para eso te programa generalmente la sociedad día con día. Te casas, tienes hijos, los crías, te hacer viejo y mueres rodeado de tus hijos y tus nietos, patetica manera social.
Carlos era un excelente prospecto, maduro, inteligente, formal, caballeroso, casi perfecto. Tuve la certeza de que era un gran partido y comencé a dejarme llevar por su galantería. Me mandaba flores, me visitaba con frecuencia, cada vez que me veía me decía un cumplido, era todo un caballero y tenía ese tono seductor que Fermin jamás tuvo, eso me gustaba aún más.
Sus miradas furtivas, sus besos apasionados, sus manos en mi cintura o jugando con mis manos o mi cabello, la forma en la que me abrazaba o me miraba, todo me cautivaba; aunque mis amigas decían que no era tan guapo pero a mi no me interesaba más que la forma en la que él me trataba, me hacía sentir maravillosa.
Carlos era una bendición en mi vida, y aunque nunca supo a ciencia cierta que era lo que había pasado entre Fermin y yo, me había hecho poco a poco olvidarlo, ahora ya no dolía tanto y lo único que quería era verlo. Aunque después de vario tiempo comencé a notar que el proceso entre él y yo no avanzaba, pero creí que era mi imaginación por todo lo que estaba viviendo con Fermin, y bueno lo dejé pasar por alto creyendo que pues simplemente él entendía que estaba pasando por un mal momento y quería respetarlo, y pues que además de todo eso era un caballero y no quería precipitarse a nada. Estupidamente comenzaba otra vez a creer en el amor, y pensar que todo era un golpe de suerte y que Carlos seguramente me convenía porque había descubierto muchas cosas de él que me gustaban y porque teniamos muchas cosas en común.
Carlos había estudiado la misma carrera que yo en la universidad, teniamos la misma especialización, y seguramente coincidimos un par de veces, solo que entonces no nos conociamos, porque asistimos a la misma universidad, solo que nunca tuvimos jornadas ni cursos en común. Me gustaba la idea de que por fin alguien se sintiera tan atraido y tan familiarizado con una de mis pasiones en la vida, me gustaba también que conociera ese mundo que para mí había sido una de las mejores partes de mi vida, de las cuales jamás olvidaría ni una sola anécdota.
Después de varios meses de besos furtivos, llamadas, regalos, cumplidos, coqueteos, nada pasaba y yo comenzaba a sentir un pequeño lapsus de impaciencia. Lo consulte con mis amigas y me dijeron: No te preocupes, es normal. O, el te respeta y quiere hacerlo de buena forma; no te alteres el va a reaccionar y boberías así. Yo me conformé con eso y seguí adelante.
Desde siempre mi papá y yo no nos llevamos bien, así que odio el día del padre. Ese día del padre como siempre, trataba de hacer cualquier otro tipo de cosa para pasar la fecha por alto, lo que fuera, así que se me ocurrió ir de compras, sola. Estaba en una de mis tiendas favoritas, en el centro comercial más popular de la ciudad, eso me relajaba. La tienda era gigante y podías deslizarte por los pasillos y perderte, y a mi me encanta la idea de perder la noción del tiempo viendo la ropa y escogiendo que modelo probarme.
Justo estaba en el departamento de lencería, estaba al lado del departamento infantil. Disfrutaba mucho viendo los modelitos de hilos dentales y demás cositas que hacen a una mujer sentirse hermosa y pues obviamente también que te ayudan, en esos momentos de pasión alocada los cuales deseaba con todo el corazón volvieran porque sino estallaría, y por la absurda necesidad de sentirme mujer después de todo lo que había pasado con mi vida.
Había una chica viendo lencería pero lo que me llamó la atención era que una hermosas pequeñita estaba tomado de su mano, era su hija. Tomó un brassier, horrible por cierto, y luego fue con la niña al departamento infantil que estaba justo al lado a ver los vestidos que habían y comenzó a probarselos encima de la ropa. Después de un momento olvidé que ellas estaban allí y olvide también que las había visto, seguí viendo mis opciones, pero en un momento de descuido subí la vista y ví una silueta familiar en el almacén, traté de enfocarme mejor y me dí cuenta que era Carlos. Muchas ideas vinieron a mi mente, pero automaticamente me bloquée y decidí no ser tan obvia y comencé a decidir si sería buena idea darle la sorpresa de que estaba en la misma tienda que él y encima de todo salir con la lencería en la mano. Estaba a punto de ruborizarme, o seguramente ya lo estaba.
Cuando finalmente ya estaba decidida a dejar la lencería y aparecerle a Carlos al frente, note que aquella niña que había visto minutos antes, comenzó a gritar: Papi, papi!, comenzó a jalar a su mamá del vestido y decía: Mira mami, papi llegó! Y luego gritaba en la dirección opuesta: Papi acá estamos. Se safó de la mano de su mamá y comenzó a correr, yo estaba justo detrás del estante de lencería, así que podía verlos pero ellos no me podían ver a mí.
Me pareció lindo la forma en que la pequeña estaba tan ilusionada en ver a su papá que por un momento olvidé a Carlos y olvidé la decisión que estaba tomando de dejar mis compras e ir a saludarlo, y comencé a observar a la hermosa nena corriendo, cuando casi muero de un shock nervioso.
La niña estaba corriendo justo en la dirección en la que estaba Carlos, corría y seguía llamando a su papá. Cuando estuvo más cerca de Carlos él volteó sonrió y la sostuvo, mientras mi mirada perpleja comenzó a nublarme la vista por la escena que tenía a tan solo metros de mí, de suerte había un sillón a unos metros y logré acomodarme sosteniendo todavía la ropa interior que iba a comprar, mientras me daba cuenta que la mamá de la niña comenzaba a hablarle a Carlos y el la llamaba: Amor.
Sentía morirme, no sabía como salir de allí y lo peor de todo era que si me paraba del sillón sentía que iba a caerme y pues obviamente que me verían, bueno que él me vería. Y no podía aguantarlo, pero debía hacer algo pronto porque se acercaban hacía donde yo estaba, y no quería que él me viera. Así que trate de recomponerme un poco, me levanté del sillón, tomé mis compras y comencé a caminar en dirección opuesta. Pero mi torpeza, siempre a tiempo, me ayudó a descubrirme. Mientras me dirijia a la caja, que estaba en dirección opuesta con el pretexto de pagar mis compras, una de las prendas se cayó al suelo sin darme cuenta.
Seguí caminando, quería salir de allí, quería esconderme, aunque sabía bien que yo no debía hacerlo porque yo no había hecho nada malo ya que no sabía nada de la doble vida de Carlos. Una de las acomodadoras cerca de la caja comenzó a señalarme hacia atrás y dijo que otra chica de las trabajadoras del almacen quería hablarme para devolverme lo que había tirado. Creyendo que estaba lejos ya de la pesadilla me volteé, pero justamente detrás de mi estaba la mamá de la niña que iba también a la misma caja, y para remediar aún más mis males comenzó a gritarle a su esposo que quería la tarjeta de crédito y éste volteó quedando cara a cara conmigo, aunque a algunos metros de distancia.
Traté de parecer normal, pagué lo más rápido que pude, y salí corriendo del almacén, con un sentimiento de asco, una certeza de que era una estupida, y la firme convicción de que el amor no era para mí y que nunca lo sería, porque o eran gays o eran casados, no quería saber nada del amor pero si tenía la firme idea de que debía hacer algo por mi vida y que si alguna vez tenía otro hombre me aseguraría de no involucrar mis sentimiento nunca más.
Mientras estaba en el parqueo tratando de sobreponerme, mi teléfono sonó. Creyendo que era Carlos no quise contestar, pero lo ví de reojo y me dí cuenta que era Cristina. Contesté la llamada y la escuché con atención; su voz era tensa, angustiante, desesperanzadora, quería verme pronto, quería contarme que había hablado con Fermin la última vez en la salida de la disco y quería hacerlo pronto.
Mi vida era tan confusa, que no sabía que pasaría ahora, y lo único que pedía era despertar de la pesadilla y continuar, pero tenía que averiguar que era lo que Cristina me tenía que confesar.