viernes, 29 de abril de 2011

OLA CORAZON


Querido corazón:

Te vi hace un par de días, te veías muy bien, se nota que has crecido y que te han cuidado perfecto.  Lo que no sé ahora es como verte siempre y estar contigo para toda la vida.   No te preocupes trabajo en ello, trato de ser lo más lógica, imparcial y perseverante posible.   

Creeme fue maravilloso hablarte, en especial la parte en la que te senti palpitar con un beso, y te senti vivir dentro de mi aunque fuese un solo instante.  Me di cuenta también que a pesar de que no hablabamos hace mucho tiempo eres el mismo soñador y sincero de siempre.

No sabes cuanta falta me haces, me sigo sintiendo sola, aunque los recuerdos ahora son más alegres, y bueno la soledad ahora se sienta en una esquina de mi cama a verme sonreir de felicidad con mis nuevos recuerdos bebés.

Espero que no estemos mucho tiempo separados, también espero que sigas amando y sintiendo como siempre lo has hecho.   Solo dejame felicitarte por tu casa antes de irme, si! esa casa que construiste en el pecho de alguien más, es hermosa!, espero vivir con ustedes para siempre allí, mientras tanto te mando mueblecitos de amor, cuadritos de paciencia para colocar en las paredes de la añoranza, y una flores que huelen delicioso para llenar el florero de la tristeza cuando me extrañes, pero te prometo que me extrañaras menos de lo que crees, porque vamos a vivir en la nueva casa de los residenciales del amor juntos y felices para siempre.

domingo, 17 de abril de 2011

RECLAMOS, TACHONES Y ADIOS....no mas!

Cuando creí que nadie me observaba, allí estabas tú acechando  mi vida, perturbando mi mente, asaltando a mi corazón.  Y cuando menos lo pense allí estaba yo, entregandome de nuevo sin pensar consecuencias, pero nunca creí que llegarías hasta el fondo de mi ser.

Ay amor, nunca creí que nos volveriamos enemigos, ahora ya no te quiero en mi vida, ya no te quiero en mi cuerpo, el corazón me abandonó por tu culpa, y ahora hago el trío perfecto con los recuerdos y la soledad, nunca sabre acaso: en qué te falle para que me hicieras eso?

Es que ví muchas veces a cupido tan cerca, pinchandome con esas flechas, que por cierto son muy dolorosas, dile que puedo recomendarle anestesista.  Pero nunca creí que iba a desangrarme de dolor la última vez cuando lo deje pincharme, luego me sacudí la flecha y él insistió en flecharme de nuevo.   Ahora tengo una cicatriz, la más fea y más profunda que pueda tener en mí, y todo para que tu entraras.

Amor, no entiendo porque eres tan popular, todos te dedican canciones y poesías, todos se alegran porque estés en sus vidas, y ahora yo sufro porque estás en la mía, porque pones a alguien que no me hace feliz, porque no sé si fui yo, porque no sé si fue él, lo único que sé es que tu tiempo y espacio no fueron los adecuados y todo se derrumbo demasiado rapido.

Trato de adaptarme desde que te fuiste, ayer le escribí a mi pobre corazón, que está secuestrado por tu culpa, hoy, hoy solo me dio por hablar contigo, escucho música triste, de despecho, dedicada a tu hermano gemelo que también es tu enemigo, el desamor.

Y como dijo Manoella Torres, ay amor ya no me quieras tanto, espero volverme tu enemiga para que no me sigas fregando la vida, para que mis ojos paren de llover y para que por fin algún día pueda sonreir.

Hasta nunca amor, espero no verte pronto, y espero que entiendas que la puerta de mi pecho está cerrada porque no tengo corazón.

sábado, 16 de abril de 2011

CARTA AL CORAZON

Querido corazón:

Te escribo esta carta porque te extraño mucho, hace cuarenta y siete días que no te veo.  Necesito saber cómo estás, porque nadie a pedido recompensa desde aquella noche que te secuestraron.  Quiero saber como te trata tu secuestrador: 
te atiende bien?
te da de comer?
te abraza tanto como yo?

Que ironía corazón, la sangre sigue corriendo por mis venas aunque no estés aquí, ayer me corté un dedo mientras cocinaba, porque me distraje pensando en tí, la sangre salía normal, sigo viva aunque no estés conmigo.

Sé que debes estar disgustado conmigo, nunca te trate bien, lo único que hacía era ilusionarte y entregarte.  Lo hice tantas veces, que creo perdí la cuenta, sé que estas muy cansado, talves aburrido de mí, pero también sé que muchas veces fuiste tú quien me inyectó las ganas de seguir entregandonos ambos a quien pensabamos era la persona adecuada.   Esta vez te fallé corazón, como siempre, el problema es que ahora te raptaron y no sé que hacer sin tí.

Sabes, no sé quién te extraña más, si mis ojos, mi cuerpo, o el agujero que está vacio en mi pecho, aquel dónde tu solías latir alegremente hace un par de meses.   Ese vacio en especial se siente orrible, me causa un dolor profundo que muchas veces no puedo contener, no me deja dormir, me quitó el hambre, las ganas de salir, y también hizo que mis ojos sólo quieran llorar, no los entiendo porque fijate que cuando lloran se cierran e intentan dormir, pero cuando se empiezan a tranquilizar por el sueño se abren de nuevo, y claro a mi cabeza y a mi esto nos da muchos problemas.

Mi cuerpo también está deprimido, él y yo nos hemos enfermado mucho, el estómago y la cabeza han sido los más afectados.  Y bueno que decir de mis manos y mis pies, mis manos hacen lo que pueden para entretener a mi cabeza y a mí, y mis pies me obligan a salir a correr o a caminar todas las tardes, además de las rutinas de gimnasio que nos ayudan a olvidarnos del mundo por un momento.

El problema son las noches, y es que aunque haya tirado casi todo lo que me recuerda a tu carcelero, aún conservo los osos, así que los abrazó por las noches y los aprieto contra el pecho, tratando de que encajen en ese lugar en el que tú solías dormir.   No logran entrar y al verlos mis ojos lloran más.

Las mañanas son vacias también, y las tardes aún más.  Me volví masoquista, en nuestras caminatas a veces a mis pies les da por llevarme a aquellos lugares en dónde tu secuestrador llegaba a vernos, eran tiempos felices corazón, ahora solo veo las bancas vacias, y siento el viento en mi cara, que me dice que ya esos días pasaron, pero mis ojos se empeñan en buscarlos a los dos entre la gente para ver si los puedo encontrar, para ver si todavía puedo recuperarte, para ver si todavía puedes hacerme feliz.

En fin, todo parece indicar que sólo seré yo, porque si! si! me lo advertiste lo recuerdo.  Me dijiste que esta era la última vez, que me fijara bien, que te quedarías con el que seguía no importando lo que pasará, y allí estaba yo, entregandote a la persona equivocada otra vez, porque tuve de nuevo ese buen presentimiento y creí que era la correcta.    Yo tengo la culpa, en serio!   No quiero que te sientas presionado si con esta carta ves que no soy la misma que era a tu lado, sé que sigues atado allá, y yo, bueno, yo te sigo extrañando, te sigo buscando y te sigo pensando.

Hay una solo cosa que quiero que hagas por mí, dile a tu secuestrador que te cuide mucho, porque si me empeñe en que el fuera tu guardían aunque después nos separaramos, algo tuvo que hacer bien para yo confiara lo mejor de mí para él.   Dile que aunque yo fallé no se desquite contigo, ya bastante tengo aquí conmigo, como para saber que tu sufres también.

No te preocupes, no estoy sola.   La soledad se volvió mi amiga, una de las mejores, al principio comenzó a visitarme con los recuerdos, nos sentabamos a charlar largas horas los tres, ahora los recuerdos se mudaron a mi cuarto y la soledad vive en mi casa.    Pasa las noches junto a mi, duerme sobre mi pecho, es muy inquieta y patea mucho al agujero que era tu espacio, hace que sangre cada noche y que duela aún más.   Por las mañanas trata de curarlo y lo venda un poco, pero la enfermería no se le da bien.   Los recuerdos me hacen el desayuno y conversan conmigo, tratan de aburrir un rato a la soledad y lo logran.   Creo que sale a tomar el sol, pero el problema es que los recuerdos terminan exhaustos y se duermen temprano y la soledad vuelve llena de vida por la noche a golpearme de nuevo.

En fin, no quiero aburrirte más, solo quiero que sepas que si algún día decides volver, yo estaré aquí esperandote.    Si vuelves de noche, hay una llave debajo de la alfombra de la entrada de mi alma, que puedes usar para entrar en caso de que toques y nadie salga a tu encuentro.    No dudes en volver cuando quieras, me encantaría que fueras tú mi compañero, para que la absurda soledad y los recuerdos se fueran y dejaran de volverme loca.

Si no quieres volver, no te preocupes, trataré de acostumbrarme a mis dos nuevas compañeras, sino lo hago creo que de todas maneras seguiran aquí, porque sigo guardando la promesa que un día te hice...ese era el último amor de nuestras vidas.

Cuidate mucho amigo de mi alma, y trata de ser feliz con quien ahora estas..... aunque te hayan robado y ahora estes encarcelado, yo acá te seguiré extrañando.





miércoles, 6 de abril de 2011

EL GABO ME LO ENSEÑO!


Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría "te quiero" y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.  Gabriel García Márquez dijo eso, pero no es una frasecita bonita que adorna la literatura, y nooo no la tengo en mi perfil de facebook solo porque es de mi escritor favorito, tampoco porque es linda y tierna y menos porque sea del tipo de personas que abrazan a  too el mundo.





Se aplica a la vida, nunca sabemos cuando estamos diciéndole adiós a alguien, pero creo que la intuición muchas veces nos prepara el camino.  Cuando alguien muere siempre comenzamos a recordar los últimos momentos que compartimos con esa persona, lo último que nos dijo o le dijimos, es allí donde vienen los arrepentimientos, los lamentos, el "si le hubiera dicho", "si hubiera ido", "si lo hubiera llamado...".

El hubiera no existe, no hay tiempo en la vida para arrepentimientos, por eso siempre hay que demostrarle a la gente que uno ama cuánto la ama, y por qué no? decírselo, porque para eso está la familia.  Hay dos clases de familias para mí: la que Dios con su infinita sabiduría te regala para que convivas, crezcas y compartas sangre; y la otra que tú escoges: tus amigos.  

Esa frase del Gabo tiene mucho sentido en mi vida ahora, porque hay dos historias de vida que se han cerrado en mi familia, la familia que Dios me dio, y una en la familia que yo escogí en la tierra.  De los muchos buenos familiares que tengo, varios se han ido ya, pero dos me han impactado más que los demás, tal vez por su forma de morir, o porque compartí demasiadas cosas con ellos, el primero, que desde hace mucho tiempo murió y a quien quería y quiero como un hermano, a él no tuve tiempo o tal vez valor de decirle en la cara cuánto lo amaba.  Créanme es una situación completamente difícil porque cuando ves el cuerpo inerte de esa persona que amas, quisieras que abriera los ojos y gritarle que lo amas, que no te deje, que lo necesitas.  Yo lo hice, lo grite, y al querer creer que volvería a abrir sus ojos y podría sentir su respiración y el apretón de sus manos, me sentía tan emocionada....  Eso nunca ocurrió, fui testigo de cómo su pulso iba muriendo, de cómo sus extremidades se ponían rígidas, de cómo su piel se ponía helada y oscura, de cómo su sangre, que estaba regada en la acera se tornaba oscura y espesa, de cómo se me iba y yo me iba con él.

Yo sabía que lo amaba, y estoy segura de qué él lo sabía también, pero no se lo dije.  La última vez que lo vi recuerdo que me sentí demasiado emocionada y le sonreí, fue una conexión muy hermosa, pero también poco expresiva.  Cuando ya estuvo muerto, comencé a hablar con él, a sentirlo, a soñar con él.  Créanme no estoy loca, son experiencias de vida maravillosas, pero recuerdo que siempre tenía ese nudo en la garganta al saber que no le había dicho últimamente cuánto le amaba.   Hasta que un día lo soñé, todo vestido de blanco, lo abracé y se lo dije, imagino que él vino a mí para hacerme sentir mejor.  Y luego vino de nuevo hacia mí para decirme que debía irse, esa mañana cuando desperté, lloré de emoción y le di las gracias, porque sabía que él sentía que contaba conmigo y que sería su mensajera.

Pero créanme que aunque está historia sea maravillosa.  Otro amigo muy querido también se me adelantó, recuerdo que cuando me dieron la noticia sentía que moría, nunca supe que se había ido, me ahogue en un grito y no paré de llorar por una semana, tampoco le había dicho cuánto lo amaba, no lo vi antes de morir, la frustración era tal que me sentía el peor ser humano de la tierra...  Así que un buen día descubrí esta hermosa frase, de mi escritor favorito.   Se acomodó muy rápido a mis experiencias, y la adopte, no sólo para que se vea linda en mi facebook (como algunos se habrán dado cuenta) sino porque te ayuda a amar hasta el extremo y a demostrarlo que es lo más importante.

La última de mis experiencias fue diferente, creo que me he tomado demasiado en serio la frase pero de algo sirve.  Una semana antes de que éste ángel hermoso que ahora está en el cielo, hablara conmigo, recuerdo que además de acordar una cita la semana siguiente, me despedí con un: Dios te bendiga, Te quiero mucho.  Nunca se lo había dicho, y lo hice por un extraño impulso, pero lo hice.

La satisfacción de compartir esta enseñanza de vida es maravillosa, y no sólo de compartirla y agradecerles el tiempo de su lectura y las lágrimas que tal vez les hice derramar, sino porque tal vez sirva para decirle a esa persona que tanto aman, cuánto la aman, no esperen que un tonto impulso, como el que yo tuve ese día se les presente, porque puede ser que por un capricho del destino no lo haga.