jueves, 10 de mayo de 2012

DE PANTALONES A FALDAS (parte 5) Es hora de hablar...

No tuve corazón ni ganas de llamarle a Fermin esa noche, empece a sentir un hueco en el corazón, uno tan grande que más que eso parecía el vacio de un estadio en pleno invierno.  Nunca puedes imaginar que duela tanto perder años de vida.   Teniamos poco de ser novios pero ya teniamo muchos planes de vida, eso fue lo qu emás me dolió, aparte del engaño y la traición, me dolía también su desprecio y su doble vida.   Esa noche no dormí, al día siguiente tenía los ojos como un par de ciruelas, grandes y rojos de tanto llorar.

Era sábado, así que me levanté hasta las 10 de la mañana, saqué un litro de helado del congelador y me tumbé de nuevo en la cama, al fondo todavía estaba mi vestido de novia sin usar, y algunos regalos de bodas que no había podido devolver, aquel lugar era tan aterrador como una casa de espantos; estaba frío, solo y sin vida.

Sonó mi teléfono como a eso de las once, era mi amiga Pilar, no la veía desde la despedida de soltera, -de hecho no veía a ninguna de mis amigas desde aquella noche-, me invito a salir a bailar a una discoteca nueva y después a tomar unas cuantas cervezas a nuestro lugar favorito, dijo muy quitada de la pena: hay mijita venga el ánimo vamos a bailar y a emborracharnos que eso es lo que necesita, quedamos en que pasaba por mí a las 8.

Pilar tenía razón, necesitaba olvidar mis penas y que mejor que un poco de bulla y alcohol, así que me puse un vestido negro que hace mucho no usaba porque a Julian no le gustaba, unos tacones rojos, y esperé la bocina justo a las 8 en punto.   Eramos muy puntuales cuando de salir se trataba.   Me veía muy sexy, pero traía una cara de tristeza que no podía con ella, traté de disimular.  Subí al carro y allí estaban:  Pilar, Angela, Mariana y Georgina, mis cuatro mejores amigas.   No preguntaron nada solo le subieron a la música y chulearon mi vestido.

Mi celular comenzó a vibrar justo cuando estabamos llegando a la discoteca, era un mensaje de texto de Cristina, que decía: tenemos que hablar cuando puedas me escribes.  Bajamos y entramos a la discoteca, Pilar y Angela fueron directo a bailar, Mariana, Georgina y yo nos sentamos en la barra y pedimos unos tragos, mientras que con curiosidad vimos a un grupos de tipos super guapos del otro lado de la barra que levantaron sus tragos y decían: Salud!

Yo comencé a textearle a Cristina; ella comenzó a contarme que también andaba de rumba, y la invite a que llegara donde estabamos mis amigas y yo.  Lo curioso del asunto fue que uno de los tipos que brindaban del otro lado del bar, era  modelo; eso lo averigue cuando nos ofrecieron tragos gratis y obviamente se pasaron a nuestra mesa.     No voy a negar que uno de ellos me pareció sumamente guapo, y bueno tampoco niego que comencé a coquetearle, seguramente no fue tan tonto y se dió cuenta, me invitó a bailar y le dije que sí, nunca me niego a bailar, aunque no soy muy buena disfruto mucho haciendolo.

Se llamaba Carlos, tenía mi edad, llevaba un pantalón negro ajustado y una t-shirt azul, mi color favorito, punto a su favor, comenzaron a tocar salsa y el tipo bailaba como un dios, yo sentía que no era nada frente a semejante bailarin, y que comenzaba a babear y a dejar de coordinar mis torpes movimientos, y no sé si por galantería o porque era la verdad, el elogiaba cada paso que daba y decía que nunca había conocido a alguien como yo, frase que aunque era halagadora, fue como 10 puntos en su contra, por ser tan corriente y reusada.

Como a las tres canciones después de bailar con Carlos, me dí cuenta que Cristina estaba justo en el bar, así que le dije que iría a saludar a una amiga.   Ella me vió aproximarme, yo sonreí y podía sentir como Carlos venía tras de mí.   Mi nueva amiga comenzó a hacerme gestos de pregunta cuando lo vió llegar conmigo, yo le hice una señal de incomprensión y simplemente la salude, y la invite a tomar un trago en mi mesa.   Mis amigas estaban encantadas de conocerla y ella fue desde el primer momento una más de nuestro grupo, como creí que lo había sido desde siempre aún sin conocerla.

Cristina me contó que había visto a mi ex hace unos días, me confesó que habían ido a tomar un café, trataron de ser lo más civilizados posibles, le confesó sus preferencias, le pidió perdón y le dijo que se sentía muy avergonzado por todo lo que había pasado y que a pesar de todo me quería mucho.   Perdí la noción del tiempo mientras hablaba con ella, me olvidé de mis amigas, de Carlos, de la música, pero al poco tiempo me dí cuenta que estaba a punto de llorar y que todos me veían de la peor manera, así que llené mi vaso con tequila, propuse un brindis y deje que la fiesta siguiera.

Minutos después, sentí que una mirada se clavaba en mi espalda, traté de ser lo menos obvia posible, porque justo en ese momento Carlos me hablaba, me dí la vuelta lentamente e inmediatamente lo reconocí.   Mi cuerpo se tensó de tal manera que a penas me moví, tomé la mano de Cristina, quien estaba al lado mío, y ella al ver mi cara de panico, preguntó y luego volvió a ver, ella también palideció y me dijo: tranquila no te muevas, sabemos que es él, todo va a estar bien.....   Pero mi interior decía lo contrario, y lo confirmó cuando vió que la silueta se movía y se aproximaba hacía mi mesa, me contorsioné, y lo primero que vino a mi mente fue levantarme, correr al baño y dejar que me siguiera para no hacer un escándalo en la mesa, aprovechando que nadie más me había visto,  ni lo había visto a él...

Sentía que era el momento de hablar, o talves de cachetearlo, de gritarle, de ignorarlo, y mientras todas esas opciones venían a mí, me quedé petrificada en una esquina y no pude hacer nada más que el hielo de mis musculos se derritiera para dar otro paso más.   Cuando reaccioné, ya tenía un brazo acaparando mi cintura y sentía su aliento diciendome: necesitamos hablar.....

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