jueves, 4 de agosto de 2011

DE PANTALONES A FALDAS!!!

Tenía 22 años, lo conocí en la fiesta de una amiga y me pareció el chico más encantador que jamás podía haber visto.  Estaba sentado con un trago en la mano y conversaba con un amigo.   Leonor, la chica de la fiesta, quien era mi amiga de varios años atrás llegó justo cuando yo lo comencé a mirarlo.  Ella me preguntó si me gustaba y pues bueno, como era mi amiga de toda la vida, le dije que sí, y aparte pregunté quien era.   Mi amiga me dijo que era amigo de uno de los amigos de su  novio, y que los acompañaba porque lo habían llevado al darse cuenta que no le informaron del cambio de planes en su juego de basket ball.    Uuuuuu dije para mí misma-- basket ball, es deportista, es lindo, tiene buena figura, viste bien, es mi tipo.

No es por nada pero el chico tenía una excelente imagen, estaba super bien vestido como uno de esos modelos que veía en las revistas.  Así que le pregunte a Leonor si sabía su nombre, me dijo que no, le pregunté si me vería muy mal si le hablaba, ella dijo que no, y por último pero no menos importante, le pregunte si me veía bien, y solo acomodó mi escote y me dijo: vé por él.

Se llamaba Julián, y era justo lo que buscaba en un hombre.  Pasé una de las veladas más divertidas de mi vida, y después como yo esperaba y según mis encantos, me invitó a salir.

No quiero hacer larga la historia, pero un par de meses después, Julián y yo eramos novios.  Un amigo de la familia, quien era gay y no se avergonzaba de decirlo abiertamente y frente a todos, vió a Julián una noche de viernes entrando a un antro gay, al que el solía asistir.  Se lo dijo a mi hermana, y ella obviamente me lo dijo a mí.  Yo me negue a creerlo, le dije que si era tan gay para que me tenía de novia, y ella me dijo, pues es que es obvio hermanita "para mantener las apariencias".  Me negué a creerlo.

Un día de tantos ví a Julián entrar misterioso a mi casa, me dijo que debía hablar conmigo.   Salimos al parque, porque dijo que necesitaba aire fresco, y porque no estaban mis papás.  Julián siempre fue muy respetuoso de mi casa y de mí, jamás hubo una mano mal puesta, una caricia prohibida, un beso que se pasara, todo era "a la antigua", sin ninguna falta de respeto, lo cual me llenaba de orgullo, porque aunque no fuera una chica virgen, lo cual él sabía, según su perspectiva era una falta de respeto para mí, y se lo agradecía en el alma.     Eso y tantas cosas más me hacía quererlo mucho y creer, tontamente quizás, que era el hohmbre perfecto para mí.

Cuando llegamos al parque, encontré una manta inmensa que decía:   QUIERES CASARTE CONMIGO? e inmediatamente apareció un trio y mi novio estaba de rodillas con el anillo en la mano.   Rompí en llanto, y como era de esperarse dije sí.

Mis planes de boda iban super bien, eran emocionantes, y mis amigas como era de esperarse me raptaron a mi primer despedida de soltera.   La organizaron en una disco cerca de la zona gay, porque todas sabiamos que allí era más fácil encontrar strippers.   Generalmente los strippers son gays, y no era ningún secreto para nosotras.  Así mis amigas rentaron el lugar, lo arreglaron con condones y lencería comestible, y llevaron más alcohol del que yo pude imaginar.   Yo por mi parte estaba muy emocionada, y bueno como mi novio era tan conservador, le comenté de la fiesta pero nunca le mencioné el lugar, porque creí que se negaría y todo iría mal, él tampoco preguntó solo me dijo que saldría con sus amigos y estuve de acuerdo porque lo creí justo.

Estabamos a media fiesta, después del show del stripper, ese hombre musculoso que mis amigas habían contratado para subirle la temperatura a más de una, pero que todas sabiamos era gay.  El bailarin me obligó a beber cinco tragos de tequila seguidos, los que se me subieron a la cabeza tan rapido como pudieron.  Así que dije a las chicas que saldría un rato a tomar aire o a vomitar.   Una de mis amigas insistió tanto que terminó saliendo conmigo y ella fue la que vomitó en el barandal del lugar, mientras yo recogía su cabello en la orilla de un basurero.

No me había percatado que el lugar donde estabamos celebrando estaba justo enfrente a la disco gay de la que meses antes me había dicho que vieron entrar a mi novio,  hasta que vi su nombre.   Mi amiga comenzó a gritar incoherencias, me asustó mucho, así que le dije que nos sentaramos en la banqueta mientras le bajaba la borrachera y se tomaba una botella con agua fría y pura.

Mi mirada se centró en la calle, casi vacía porque ya iban a dar las dos de la mañana.   Tenía tres años con Julián, era obvio que era capaz de reconocer su carro, así que mientras veía sin preocupaciones un carro muy parecido al de mi prometido salía del parqueo del lugar gay.  Yo creí que estaba tan borracha que no podía distinguir muy bien lo que veía.

El ballet parking salió del carro, tomó las llaves y comenzó a ver a su alrededor para buscar al conductor de éste.    Sentí que morí cuando veo a un hombre justo como mi novio en el otro extremo, besandose con otro y tomandosé del trasero, que cuando oyó el ruido del motor del carro lo soltó y corrió a subirse, esperando que su pareja y se subiera al carro.   El sujeto al que minutos antes besaba, ahora estaba casi tirado en el piso, y el conductor salió del carro.   Para mí sorpresa, estaba confirmado, era mi novio.

Mi amiga ya estaba reaccionando para entonces, así que le dí un codazo y alcancé a decir, es Julián. Ella comenzó a ver aquel espectaculo increíble: dos hombres cariñosisimos, uno más ebrio que el otro, y uno igual a mi novio.  No sé cómo, ni cuando, ni de dónde, pero tomé aire y fuerzas, seguramente gracias al alcohol, y cruce la calle.   Solo volteé para darme cuenta de que mi amiga ponía su mano en mi hombro.  Me volteé y grité:  Julián?

Sus ojos grandes y expresivos eran los mismos que un par de semanas antes me veían claros en el parque esperando que dijera si quiero ser tu esposa.   Tenía mucho miedo, asco y desesperación.  Él no dijo nada, se quedó petrificado y yo corrí y le dí un gran golpe en la cara. 

No podía creer que mi novio era gay, no podía creer que me usara de tal forma, y no podía creer que habíamos sido pareja solo para que él guardaba sus apariencias.

El trató de arreglarlo, pero ni ahora, ni nunca logrará arreglar algo tan irreparable.   La boda se canceló, estuve sin salir de mi cuarto casi tres semanas, y sigo pensando porque Julián quizo cambiarse de pantalones a faldas.

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